que golpea mi ventana,
tras las rejas de una cómoda jaula
me invento amaneceres con un sol ardiendo.
Las fábulas que me narraron viejas voces
van mutando en tétricos cuentos,
leyendas falaces, finales inertes
sin moraleja ni melodía.
Y las repaso en voz alta
a ver si el cielo me escucha,
tal vez, quizás, algún día
puedan dejar de ser palabras en mi boca.
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